A tu maestro siempre has de escuchar, sí, mmm…

Autor: | Última modificación: 8 de marzo de 2024 | Tiempo de Lectura: 3 minutos
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Paul Graham es un programador archifamoso, transmutado desde hace una década o más en VC. Es el creador de Y-Combinator, una de las primeras y quizás la más conocidas de todas las aceleradoras de Silicon Valley, además de la empresa con el nombre más nerd que he visto jamás (si no lo pillas, lo explicaré en otra ocasión).

Hace algún tiempo, decidió publicar sus 13 consejos clave para cualquier startup. No es algo nuevo, ya que lo menciona en muchos posts desde hace años, pero en este caso están todos en un solo lugar, ordenados y explicados. Es el fruto de su experiencia de años en la labor de ayudar a otras startups a despegar.

El consejo número 13

Todos, en general, son muy sensatos y poco hay que decir en contra. Sin embargo, hay uno, el número 13, que siempre me generó cierta desconfianza. Tal vez por ser gallego y, por ende, mal pensado, siempre había sospechado que representaba más sus intereses como inversor que los de la startup. Craso error.

Boom Supersonic.
El listillo no te has de hacer y a tu maestro siempre has de escuchar, sí, mmm…

Se trata de lo siguiente: Paul Graham recomienda siempre pedir más dinero del que necesitas. A mi eso me suena a “endéudate más de lo debido”. La lógica detrás de esto es tener un buen colchón que te permita superar acuerdos que se vayan al traste y te dejen con el culo al aire. Sin embargo, por cada euro que pides, pierdes parte de la empresa y de su control. Esa es la razón por la cual pensaba que dicho consejo era interesado, porque por cada bit de control que pierdes de tu startup, el inversor lo gana.

Pues resulta que tiene razón y la prueba la está dando una de las startups más interesantes que ha salido de Y-Combinator hasta el día de hoy: Boom Supersonic.

Boom Supersonic: el regreso del Concorde

En un mundo en el que todo quisqui se dedica a inventar y reinventar la enésima versión de un SaaS, estos chiflados decidieron reinventar algo verdaderamente futurista: el vuelo comercial supersónico.

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Todo parecía ir bien, el prototipo había sido diseñado y testado correctamente e iban de camino a empezar a construir el primer avión a escala 1:1. Hasta que llegó el coronavirus. Y llegó Putin. Y se jodió el invento.

Resulta que Boom, como todo fabricante de aviones, no fabrica los motores, sino que se los compra a otra empresa. No son muchos los posibles proveedores de un motor supersónico comercial. Están Rolls Royce, Pratt & Whitney, Saffron y para de contar.

Pues bien, hace poco, Rolls Royce ha hecho público que no seguiría trabajando con Boom para desarrollar un motor supersónico comercial. Al igual que los demás fabricantes, afirma que, con los precios de los combustibles, ahora mismo no es rentable dedicar I+D a ese sector y que pondrán toda la carne en el asador en crear motores más eficientes.
Resulta que el sabio Graham tenía razón y a menudo acuerdos esenciales se van al garete. No está nada claro si Boom podrá sobrevivir a esto o si la empresa hará boom.

Airlander: el retorno del Zeppelin

Lo que podría ser la muerte para una startup, tal vez sea la salvación de otra que trabaja en el punto opuesto del espectro de la navegación aérea: Hybrid Air Vehicles.

HAV intenta crear un dirigible híbrido que también genere sustentación de forma aerodinámica (como un avión) en vez de dejar todo en manos de la flotabilidad que aporta el helio. 

No se trata de llegar más rápido, como en el caso de Boom, sino de hacerlo de forma más cómoda, barata y sostenible. Según HAV, su primer modelo, el Airlander 10, podría volar con cero emisiones.

Boom Supersonic
¿Pronto en los cielos de España?

Eso último es una afirmación arriesgada, pero parece que hay clientes que lo creen y quieren invertir. En España, Air Nostrum ya ha encargado uno y tal vez dentro no mucho podremos volar en un zepelín.

Boom Supersonic.
Así daría gusto, en vez de ir como sardinas en lata.

¿Moraleja?

¿Cuál es la moraleja de todo esto? Confía siempre en la experiencia de tus maestros, aunque no entiendas muy bien el por qué, y nunca bajes la guardia ante Murphy: él nunca descansa.