Código Ravioli: cuando el exceso de buenas prácticas se vuelve un lío

| Última modificación: 2 de abril de 2025 | Tiempo de Lectura: 3 minutos

Recuerdo una vez que, en un proyecto para una app de reservas de restaurantes, quise ser tan limpio y modular con mi código que terminé creando una clase por cada cosa. Literalmente. Tenía una clase para el usuario, otra para los datos del usuario, otra para la lógica del menú, otra para la interacción con botones, otra para el spinner… y así hasta que el proyecto parecía una bandeja de raviolis: muchas piezas pequeñas, todas con buen relleno, pero imposibles de digerir juntas. Así descubrí el temido código ravioli.

¿Qué es el código ravioli?

El código ravioli es un antipatrón que ocurre cuando aplicamos principios de diseño orientado a objetos con tanta intensidad que acabamos creando decenas o cientos de clases pequeñas, demasiado encapsuladas y distribuidas por todo el proyecto. Aunque cada clase por separado tiene sentido y está bien organizada, el conjunto resulta confuso, difícil de seguir y mantener.

En mi caso, pasé más tiempo saltando entre archivos que escribiendo lógica real. Todo parecía bien estructurado, pero trabajar en el código era como montar un puzzle con piezas del mismo color: técnicamente correcto, pero desesperante.

código ravioli

¿Por qué ocurre este antipatrón?

Muchas veces, como programadores, buscamos escribir código «perfecto». Nos enseñan que hay que separar responsabilidades, evitar funciones largas y encapsular todo. Y es cierto, pero el problema viene cuando aplicamos esas reglas sin pensar en el contexto.

En mi experiencia, esto suele pasar en situaciones como:

  • Equipos juniors muy preocupados por cumplir con patrones de diseño «de libro».
  • Proyectos con arquitecturas infladas para necesidades mínimas.
  • Frameworks que incentivan la creación de muchos componentes (hola, Clean Architecture mal aplicada).

Código ravioli vs. otros estilos de código problemáticos

Para entender mejor este concepto, se suele comparar con otros estilos de código que también son problemáticos:

  • Código espagueti: desorden total, funciones kilométricas, dependencias cruzadas. Aquí todo está junto y enredado.
  • Código lasaña: muchas capas (por ejemplo, vista, controlador, servicio, repositorio…), pero tan acopladas que hacer un cambio en una obliga a tocar tres más.
  • Código pizza: un solo archivo plano, sin modularidad. Todo mezclado como los ingredientes de una pizza mal repartida.

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El código ravioli, en cambio, no es caos, es demasiado orden. Y eso, en exceso, también se convierte en desorden.

¿Cómo evitar escribir código ravioli?

Aquí van algunos consejos que he aprendido a base de equivocarme (y refactorizar hasta las 2 de la mañana):

1. Piensa en términos de dominio, no de clases

Antes de dividir en clases, piensa en cómo los datos y funcionalidades se agrupan en la realidad del negocio. Por ejemplo, no crees una clase por cada propiedad de un usuario. Crea una clase Usuario bien estructurada, y dale coherencia interna.

2. Modulariza cuando haya una razón

¿Esa función de 50 líneas justifica su propio módulo? ¿O solo quieres “cumplir con SOLID”? No apliques principios como si fueran fórmulas matemáticas. Usa tu criterio.

3. Evita la micro-abstracción

Abstraer todo no te hace mejor dev. A veces es mejor repetir una línea de código en dos sitios que crear una función genérica con 3 niveles de indirección.

4. Refactoriza con propósito, no por estética

Una vez me pasé medio día moviendo lógica entre clases “para que quede más bonito”. Al final, rompí la mitad del flujo y no gané nada. Si vas a refactorizar, hazlo porque mejora la comprensión, el rendimiento o la extensibilidad. No por capricho.

5. Documenta tus decisiones

Si decides crear una clase nueva para algo muy específico, documenta por qué lo hiciste. Así, cuando vuelvas en seis meses, no sentirás que alguien más te saboteó el proyecto.

El equilibrio entre orden y caos

El verdadero arte del desarrollo de software está en encontrar el equilibrio. Ni espagueti ni ravioli: algo que se entienda, se mantenga y funcione. A veces, eso significa tener clases grandes pero claras. Otras veces, dividir bien con criterio. No se trata de aplicar reglas, sino de pensar como un arquitecto, no como un decorador.

Y si estás aprendiendo, está bien equivocarse. De hecho, es la mejor forma de aprender. Yo he escrito ravioli, espagueti y hasta lasaña. Lo importante es darte cuenta y seguir mejorando.

Conclusiones sobre el código ravioli

El código ravioli es una advertencia contra el exceso de buenas prácticas mal entendidas. Modularizar está bien, pero no a costa de la claridad. La próxima vez que estés tentado de crear una clase más, pregúntate: ¿esto aporta claridad o solo añade ruido?

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