
El futuro de la comunicación. La pregunta sobre cómo hablaremos en el futuro parece sencilla pero resulta profundamente inquietante en el entorno tecnológico actual. Este es el punto de partida que los periodistas Alberto Velázquez y Antonio J. Fernández Álvarez utilizan para abrir uno de los artículos más sugerentes del Anuario de la Comunicación DirCom 2025.
El texto nos sitúa ante una realidad que a menudo percibimos como ciencia ficción pero que ya es una realidad en laboratorios y en los ensayos de empresas como Neuralink.
Estamos ante la nueva frontera tecnológica de los Brain Computer Interface o BCI. Se trata de dispositivos capaces de traducir patrones neuronales en instrucciones para sistemas externos sin necesidad de movimiento físico.
Es fundamental realizar un matiz importante: no hablamos de leer pensamientos complejos por ahora, sino de interpretar señales cerebrales básicas como intenciones motoras o selección de objetos. Estos son los primeros pasos hacia máquinas que podrían comprender fragmentos de nuestra actividad mental.
El dilema ético y la evolución de la especie
Ante este panorama surge una pregunta inevitable sobre si estamos preparados para este cambio. Lo cierto es que la dirección hacia la que avanzamos es clara y con ella llegarán dilemas morales, éticos y de seguridad. Sin embargo, el interrogante más profundo reside en nuestra propia evolución como especie.
Somos lo que pensamos y nuestros pensamientos necesitan del lenguaje. La capacidad de nombrar el mundo real e imaginario y de construir realidades es lo que nos define.
Si reducimos nuestra comunicación a impulsos neuronales o mensajes instantáneos, corremos el riesgo de empobrecer la esencia que nos hace humanos.
Diferencia entre avance tecnológico y progreso humano

La tecnología avanza a una velocidad sin precedentes pero aún no sabemos si ese avance se traducirá en un verdadero progreso. Es vital distinguir ambos conceptos. Avanzar es simplemente moverse, mientras que progresar implica mejorar la vida humana, ampliar la dignidad colectiva y proteger lo esencial.
Actualmente no contamos con estudios amplios y la realidad mixta se encuentra en fases tempranas de adopción. Por ello, es necesario que cada paso tecnológico vaya acompañado del desarrollo de una resiliencia mental y una claridad ética que nos permita convivir con una inteligencia artificial cada vez más poderosa.
Conclusión
La llegada de interfaces que conectan nuestro cerebro con la tecnología no debe ser vista solo como un hito de ingeniería, sino como un desafío para nuestra integridad intelectual. La verdadera victoria tecnológica no residirá en la velocidad con la que las máquinas procesan nuestros impulsos, sino en nuestra capacidad para preservar la riqueza del lenguaje y la profundidad del pensamiento humano.
Debemos trabajar en una fortaleza emocional y ética que garantice que, en este proceso de digitalización mental, lo humano siga siendo el eje central de todo progreso.

Para profundizar en este tema desde una perspectiva oficial y ética, te recomiendo consultar el informe de la
UNESCO sobre la, UNESCO – Ética de la neurotecnología.



