La palabra IA se ha convertido en un término paraguas para describir cientos de usos y tecnologías distintas. También es una forma de nombrar algo que no dominamos del todo, sin admitir que lo ignoramos.
Se habla de agentes de inteligencia artificial, de equipos híbridos donde humanos y agentes trabajan juntos, e incluso de empresas multimillonarias sin un solo empleado. Es una realidad, pero su implementación no es sencilla para todos.

Las grandes compañías cuentan con departamentos tecnológicos y consultoras de alto nivel. Sin embargo, en el otro extremo se encuentra la pyme, la micro y la mediana empresa, que en España representan el 99 % del tejido empresarial.
Tras lidiar con la presión fiscal, laboral y la lucha diaria por sobrevivir, ahora deben encarar una revolución tecnológica a velocidad de vértigo bajo la amenaza de que, si no lo hacen, desaparecerán.
El ruido tecnológico y la realidad del aprendizaje
La tecnología vinculada a la IA vive un momento de mucho ruido y poco entendimiento real. Existe un miedo silencioso a no saber ya no poder subirnos al carro, tanto como profesionales como empresas.
Lo observa a diario: todas las peticiones de formación corporativa incluyen la palabra IA como una coletilla, pero ninguna coincide en herramientas o contenidos.
Nuestro trabajo consiste, la mayoría de las veces, en descifrar qué necesitan de verdad. Diseñamos planes que empiezan por temas esenciales que las empresas desconocían, pero que son los cimientos indispensables para alcanzar sus objetivos.
Si a profesionales con décadas de experiencia en tecnología nos cuesta seguir el ritmo, el reto para un pequeño empresario que regenta un negocio tradicional es inmenso.
La economía de agentes y el riesgo de exclusión

La economía de agentes no es una moda; es un cambio radical de modelo productivo que afecta a todos. Si el negocio de al lado reduce costos y gana eficiencia mediante estas herramientas, competir se vuelve una tarea casi imposible.
Entender qué es un agente y realizar la transición es un cambio profundo de paradigma estructural y económico que no ofrece margen de error.
Debemos ser conscientes de que la tecnología no es naturalmente inclusiva. Si no actuamos desde las asociaciones, el sector privado y el sector público para cerrar estas brechas, el tejido empresarial más vulnerable saldrá muy afectado.
Conclusión
Es probable que, si no intervenimos, otros formatos sustituyan a la pyme tradicional, quizás siendo más rentables en términos numéricos. Sin embargo, el impacto humano de ese reemplazo sería brutal.
Cerrar la brecha digital no es solo una cuestión de competitividad económica, sino de responsabilidad social para proteger lo que sostiene nuestra economía real.

Para profundizar, te recomiendo el siguiente recurso: Encuentra tu Oficina Acelera pyme más cercana.



